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Sobre el sueño en “La noche boca arriba” de Julio Cortázar

Posted on: August 20, 2011

 

El sueño que no lo era

La dicotomía realidad/sueño ha sido una constante en la literatura como marco para crear escenarios de cuestionamiento filosófico. Julio Cortázar ha utilizado este recurso en diferentes niveles de literalidad en su obra, una de las razones por las que sus textos han sido considerados  surrealistas.

Naturalmente no es el primer autor  en el que se puede observar este recurso, mas el impacto de su obra en un momento histórico y su influencia en la estilística y estética posteriores hacen que sea una de las vías predominantes de análisis.

Este ensayo se enfoca a un acercamiento a la construcción de realidades alternas y a la conceptualización narrativa de la alegoría del sueño en “La noche boca arriba”, un texto escrito en 1956 que aborda algunos de los recursos que se impusieron en los autores relacionados con el boom, como el desdoblamiento y la otredad.

Las líneas críticas ya vastamente estudiadas en relación con este movimiento se centran en el realismo mágico decadente y sobreexplotado de la década de los años sesenta y se le atribuye una relación directa con los movimientos culturales y literarios que se deslindaban con la ruptura con los formatos establecidos, las dictaduras y un cierto retorno al naturalismo.

En la totalidad de la obra de Cortázar es posible identificar variados momentos de experimentación temática y estructural que hacen a su obra polifórmica y multisignificativa mas la crítica constantemente se asocia con los recursos mencionados.

“La noche boca arriba” es un buen ejemplo de los juegos narrativos característicos del autor y de las alegorías míticas y naturalistas del realismo mágico. Desde el punto de vista estructuralista la alternancia de situaciones y sentidos se crea por medio de la repetición y signos ambivalentes. [1]

La construcción de este cuento, los signos se asemejan a un andamiaje claramente diferenciado por las posiciones físicas representadas: arriba/abajo, dentro/fuera, vertical/horizontal, suelo/cielo. Interpretativamente, hay dos espacios espejo, simétricos, opuestos estéticamente más nítidamente reflejados el uno en el otro: insecto/motocicleta, edificio/pirámide, camino/carretera, hospital/mazmorra. Cada pieza narrativa encuentra su par en el espacio paralelo; así, el sueño no está justificado, se trata de dos realidades perfectamente coherentes y tangibles que coexisten linealmente.

No obstante, recurrir a la alegoría del sueño resuelve el elemento de quiebre, el punto donde el centro se despoja de su especificidad y se extiende al todo. Constantemente en la obra de Cortázar  los pequeños detalles tienen la función de romper con la estructura anticipada. Es una estrategia de lo particular para llegar a la universalidad: el ruido de la hierba al ser pisada, el pestañeo de las lámparas del techo. Partículas que en su obviedad pasan desapercibidas pero en la totalidad son llaves que abren las puertas de la Ciudad de México/Tenochtitlán. Este es el centro de referencia[2] inicial, el origen del conflicto.

Posteriormente en la trama, estos juegos narrativos yuxtaponen dos centros: el representado por la modernidad es  tangible en apariencia para el lector. Le remite a las cosas reales e institucionales en las que confía la estabilidad de su vida. Un ejemplo, el hospital en su tamaño, organización y estructura transmite un mensaje de tranquilidad y protección. La contraparte en el cuento, el otro centro, es una época desaparecida, salvaje, difícil de interpretar y que por tanto, de inmediato se clasifica como un sueño por considerarse de entrada como imposible, extraño, bestial.

La vida moderna, la de todos los días, es la idealizada porque es necesario creer en ella para sobrevivir, la de la guerra florida remite a prácticas indescifrables e inadmisibles en la época actual. El juego es que la fe en la realidad “más real” termina aniquilando al protagonista de cualquier modo. La circunstancia no es el centro, el centro es la yuxtaposición, el desvanecimiento de lo considerado real, pierde sus límites, es totalizador y democráticamente arrolla las circunstancias específicas.

Los sueños/dos realidades se presentan ante el lector a través de las voces conscientes e inconscientes de los protagonistas. Su desdoblamiento, su paso de un siglo a otro requieren de una voz lógica y experimentada que los guíe en cada estado.

La voz de la realidad alterna, el supuesto sueño es más madura y lógica que la voz de la realidad tiempo/espacio. Así, ante un texto altamente polifónico[3], el lector debe involucrarse en el cuento y participar de su discurso. En este punto el centro pierde una posición y juega con una posición, voz y situación que en sin límites claros, está en todas las circunstancias de la narración.

Es evidente una primera división de puntos de vista: el joven de la época moderna y el inmerso en la guerra florida, mas hay que incluir la voz del narrador que ayuda a enmarcar las voces del protagonista/protagonistas. Se trata de un narrador aparentemente no involucrado que sin embargo construye, alerta y previene al lector.

Las voces no son literales, audibles, son ideas, pensamientos. Transitan de un contexto a otro libremente, más allá del control de sus dueños o el narrador. Este es un juego más que borra las circunstancias situacionales para crear una sola corriente de conciencia que es inalterable y que sobrepasa a los personajes, y en una jugada más del autor, a los lectores.

El lector se conjuga con los momentos narrativos, involucrado con sus propias referencias y circunstancias que le impiden deslindarse de la lectura.[4] Se le exige saber para involucrarse, se remite a su experiencia y conocimiento. Como el protagonista, es arrastrado por las dos realidades aparentemente incompatibles a un desenlace incontrolable.

Las dos realidades a través de las voces involucradas, mantienen un diálogo constante paulatinamente más cerrado y sobrepuesto. Los dos contextos, primero alejados y oníricos, se acercan en cada episodio de conciencia/inconsciencia hasta que se traslapan y se unen. Al final del cuento hay una sola voz, una sola realidad, el sueño no lo era, no hay protección, no hay esperanza. La voz es la de un protagonista único que habla por todos los vivos, por todos los muertos y en todos los tiempos.

En conclusión, el tratamiento del sueño en otros momentos de la literatura es resultado de una tradición de pensamiento religioso o incluso mitológico. En obras como La vida es sueño, el sueño en sí es romántico, magnánimo, lo opuesto a las carencias y a la soledad. La tradición literaria así ha acostumbrado al lector. En este cuento, no hay certidumbre en ninguna circunstancia. Cuando en breves momentos la hay, es falsa, una ilusión, parte del discurso personal de protección.

Ya es esperado que el sueño sea interpretado como un medio para evadir la realidad y en propuestas más radicales, para retar lo aceptado por los demás. El sueño como una alegoría expone una crítica a lo normal, a lo autorizado por la sociedad. Propone que hay alternativas para crear una nueva verdad. Posibilita la transgresión y la individualidad. Para Segismundo lo es.

En “La noche boca arriba” el sueño tiene estas características en el primer acercamiento a la propuesta argumentativa, permite cuestionar los límites de lo tangible e intangible. A medida que la trama evoluciona, pierde sus características y es sustituido por las realidades colectivas de dos protagonistas y finalmente, con la vida de un solo hombre.

Para el lector, el sueño tiene una carga semántica y cultural que lo asocia al conocimiento interno y a verdades reveladas. Es un asomo a las grandes hazañas, a la claridad y lucidez que la vida despierto oculta. El sueño, con estas características debe ser mágico, premonitorio. En este cuento se debe recordar que los sueños también se convierten en pesadillas, mas el sueño reescrito, revalorado, el colectivo, es una realidad.


[1] Derrida, Jacques [1989]. La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas.

[2] Op. Cit.

[3] Voz, sentido y diálogo en Bajtin. Bubnova, Tatiana. Acta Poética 27. 2007.

[4] Voloshinov, Valentín. El marxismo y la filosofía del lenguaje. Madrid. 1992. Alianza Editorial.

2 Responses to "Sobre el sueño en “La noche boca arriba” de Julio Cortázar"

el análisis es exhaustivo y muy bien logrado. tengo que escribir un trabajo sobre este cuento, me podrías dar algunos consejos?

Hola. Creo que sería interesante leer un poco sobre la guerra florida y hacer una comparación. Tal vez con algunos textos de literatura náhuatl. Puede ser una nueva perspectiva.

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  • anlamakespanol: Hola. Creo que sería interesante leer un poco sobre la guerra florida y hacer una comparación. Tal vez con algunos textos de literatura náhuatl. Pu
  • cecilia: el análisis es exhaustivo y muy bien logrado. tengo que escribir un trabajo sobre este cuento, me podrías dar algunos consejos?
  • Sylvia Bibriesca Rojas: Maestra, Felicidades por exponer de una manera tan sencilla, amena, asertiva y valiente la problemática que nos aqueja como parte del engrane educati

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